domingo, 11 de abril de 2010
Tiempo
A veces veo que mañana está tan cerca que la velocidad del tiempo me encoge el estómago y para no explotar de adrenalina necesito gritarla toda en cada remolino de montaña rusa que hace la vida. Las agendas cambian de página en un pestañeo, hacen falta días de treinta horas y los yogures caducan más deprisa de lo habitual. Otras veces parece que el tiempo se detenga, que el ahora se vuelva antes rodando por circunferencias sin salida en un cortocircuito de nervios y uñas aniquiladas por mordiscos histéricos. ¡Una máquina del tiempo, por favor! Que hay que controlar los vaivenes que dan los minutos y tengo que escoger una buena profesión para cuando me haga mayor: ser niña con contrato vitalicio.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario