Hay días en los que me como la vida a bocados y otros en los que es la vida quién me muerde a mí. La diferencia es que sus dentelladas provocan sangre a borbotones mientras que las mías son diminutas, de esas en las que el cacho del bocata permitido está marcado con el dedo.
Por suerte, también hay otros días en los que me sale la vena caníbal y no me importa hincarle el diente a la carne humana que me pone límites.
